Todo tiene su razón.

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Rol cerrado Todo tiene su razón.

Mensaje por Mitjäc el 15/12/2012, 16:03

Cueva recóndita y maloliente, Cordillera del Cambio.
Novena semana de invierno, horas antes de esto


Hacía tiempo que a Mitjäc no se le veía el pelo ni por el castillo ni por ningún sitio. Se había confinado en aquella cueva por las últimas tres semanas y sólo salía para comer y para traer comida a su... invitada, como eran comúnmente llamados los prisioneros en estos lares. Pero casi era el momento y no se lo quería perder, tenía que ser en unos días, cuando menos se lo esperara y... por fin, por fin se cumpliría lo que había estado anhelando tanto tiempo. Notaba que esta vez era la definitiva, lo sabía, lo intuía. Sí, esta vez saldría bien, estaba seguro de ello.

Se detuvo delante de un lugar concreto de la montaña, parecía un lugar normal y corriente, sin nada que lo distinguiera de el resto del camino, hasta que con un gesto la nieve se apartó y dejó ver una piedra del tamaño del drider que ocultaba la entrada de la cueva, de la cueva donde guardaba su tesoro más preciado. Apartó la piedra no sin esfuerzo para entrar y después volvió a poner todo en su sitio. No quería que nadie entrase ni tampoco que su "invitada" se fuera, aunque con el tiempo que se gastaba Kald no podría ir muy lejos.

-Buenas noches, Dirala, ¿Ya te has despertado? Hoy te he traído carne de lobo, no puedo dejar que te alimentes sólo de pescado, la Luna no quiera que acabes con cara de pez. -buscó con la mirada la mancha roja en la oscuridad que delataría la posición de la drow. - Dirala ¿donde estás?

No le veía por ningún sitio, pero no se preocupó de de que hubiese escapado. ¿Como iba una joven drow de apenas 250 años a mover una roca inmensa y a quitar esa nieve sola? Y menos en el estado en que se encontraba. Así que sin más se adentró en la cueva hasta encontrar su figura, una pequeña drow, hecha un ovillo en una esquina de la cueva, medio escondida inútilmente.

-¿Qué haces? Pensaba que la fase de miedo la habíamos pasado hace una estación. Sabes que no voy a hacerte daño, eres demasiado valiosa - la drow alzó los ojos rojos, llorosos, para volver a agachar la cabeza, evitando la mirada del drider - ¿Qué pasa? Venga, levántate y come, estar deprimida no puede ser bueno para el niño. - Antes de que Dirala pudiese hacer o responder nada, el drider la cogió por un brazo y la levantó, descubriendo al instante el vientre plano de la chica. - Dirala, qué... ¿qué ha pasado? -los ojos de Mitjäc se iluminaron de felicidad durante unos segundos- ¿Ha nacido? ¿Ya? ¿Donde está? Dime donde está Dirala. ¡¡Este es el mejor día de nuestras vidas!! Mi niño, mi hijo. ¿Donde está Dirala?

La elfa no dijo nada, sólo negó la cabeza para después fijar la vista en un punto cercano de la cueva. El drider fijó la vista allí para que segundos después su cara de felicidad se transformase en una completamente distinta. Había una decena de arañas. Arañas normales, no driders, no drows. Sólo arañas. No, no podía ser. No. Esta vez no, esta vez salía bien, esta vez tenían un niño, un drider, un drow, lo que fuera, pero un niño.

-Dirala ¿donde está nuestro hijo? - la chica sólo negó la cabeza - ¡¡HE DICHO QUE DONDE ESTÁ MI HIJO!! - No contestó, simplemente volvió a acurrucarse en su sitio para sumirse en el silencio.

No. No podía ser. Lo había intentado demasiadas veces, durante demasiados años. Driders, arpías, drows, humanas, hechiceras... Y esta había sido la vez que se había quedado más cerca. Ella estaba embarazada. No, no podía haber pasado esto. No, esto no. Esto no. Su anhelo por encima de todo, dejar descendencia, dejar algo en este mundo, tener un hijo. No pedía tanto. Lo había hecho todo, lo había intentado todo. No podía ser.

El drider se sentó al lado de la drow y empezó a acariciarle el pelo.
-Tranquila, Dirala, no pasa nada. No es culpa tuya. ¿Recuerdas que te prometí que nunca te haría daño? Puedes estar tranquila, no voy a faltar a mi palabra. -siguió acariciándole la cabeza, tranquilamente, con la mirada fijada en nada. Hasta que con un movimiento de muñeca el cuello de la drow hizo un chasquido y su cuerpo cayó inerte al suelo mientras las lágrimas se congelaban en las mejillas del drider.




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